El problema
Una desarrolladora inmobiliaria lleva el mismo proyecto en cuatro sistemas que no se hablan entre sí: el portal donde publica, un CRM genérico que no entiende de lotes, planillas sueltas para el avance de obra y la contabilidad por separado.
El costo de eso no es la incomodidad, es que nadie tiene el número completo. Cuando alguien pregunta cuánto vale hoy el proyecto, o qué porcentaje del loteo está vendido, la respuesta se arma a mano y tarda días. Para entonces ya cambió.
Antes de escribir una línea de código hablamos con cuatro desarrolladoras. Dos cosas aparecieron en todas:
La diligencia está repartida en varias ventanillas. Para avanzar una operación hay que entrar a un sitio por organismo, cada uno con su trámite, su acceso y su tiempo de respuesta, y después juntar los resultados a mano. Es el tramo más lento del proceso y donde más operaciones se caen.
Publicar cuesta, y sumar un cliente nuevo cuesta más. Mostrar el catálogo completo ya es trabajoso; incorporar las propiedades de una desarrolladora nueva lo es todavía más. El crecimiento comercial termina frenado por el trabajo de carga.
Qué decidimos
Integrar con las entidades en lugar de pedirle los datos al usuario. La salida fácil era otro formulario donde alguien copia a mano lo que sacó de cada organismo. Elegimos el camino lento: sentarnos con las entidades para que los trámites entren al sistema desde la fuente. Es más difícil de construir y es la única forma de que el dato llegue confiable.
Tratar la adquisición como un embudo, no como una carga de datos. Sumar propiedades dejó de ser una tarea administrativa y pasó a diseñarse como un funnel, igual que la venta. Son los dos lados del mismo negocio y hasta ahora solo uno estaba pensado.
Mobile primero, sin app nativa. Los paneles de monitoreo se miran desde la obra, desde el auto o en una reunión, no sentado frente a una computadora. La web responsive cubre eso desde el día uno; una app nativa habría sumado meses y una tienda de por medio para resolver el mismo problema.
IA para ordenar el dato sucio, no para conversar. El sistema traza y alinea datos desordenados según lo que cada cliente necesita, y con eso alimenta a un agente de ventas o a un asesor inmobiliario que llega informado a la conversación. La decisión de fondo: la IA trabaja antes de la charla con el comprador, no en lugar de ella.
Cobrar por uso y no por licencia. El precio sigue al volumen de operación en vez de una cuota fija por asiento. Una desarrolladora chica entra sin una barrera de entrada que no puede justificar, y la que opera más paga más — que es cuando el sistema efectivamente le está ahorrando tiempo.
Catastro real, no un mapa decorativo. El loteo se dibuja sobre la planimetría exacta del Catastro de Misiones. Un mapa genérico se hace en una tarde y no sirve para decidir; el catastro real es lo que permite mirar una parcela concreta y saber de qué se está hablando.
Cuánto llevó y dónde está hoy
La primera versión completa se construyó durante el Hackathon IA de Silicon Misiones, en junio de 2026: treinta horas de reloj repartidas en cinco días.
Habita obtuvo ahí la Mención Especial a Proyecto Destacado, otorgada por Silicon Misiones junto con la Coordinación Estratégica de Gobierno Inteligente y la Vicegobernación de Misiones.
Vale aclarar qué significa y qué no: es el reconocimiento de un jurado a un proyecto construido en cinco días, no una medición de impacto en el mercado. Las dos cosas son distintas y la segunda todavía no existe.
Hoy está en validación, no en producción. La idea se está contrastando con la Cámara Inmobiliaria de Misiones y hay mediciones de producto corriendo con usuarios reales de la provincia. El acceso es por lista de espera.
Lo escribo así a propósito: no hay números de impacto todavía porque el producto no lleva el tiempo suficiente en manos de nadie como para tenerlos. Los va a haber, y van a estar acá cuando existan.
Stack
Next.js y TypeScript sobre AWS, con Stripe para los cobros.